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1/8/2011

Las palabras soeces, ¿quién no ha dicho una?

 ¡Advertencia! El contenido de este reportaje no es apto para menores de 18 años y su lenguaje procaz puede resultarte ofensivo, te recomiendo leerlo con moderación de lo contrario te puedes ir a la m.....


EL LENGUAJE CULTO VS LA GROSERÍA

Las palabras soeces, ¿quién no ha dicho una?


¡Advertencia! El contenido de este reportaje no es apto para menores de 18 años y su lenguaje procaz puede resultarte ofensivo, te recomiendo leerlo con moderación de lo contrario te puedes ir a la m.....

Por: Christian Torres Salgado

Avanza carajo, fuera mierda, imbécil, idiota…, ¿quién no ha mencionado una de estas palabras en su vida?, ¿quién no ha insultado o maldecido a otra persona usando groserías? El que esté libre de pecado tiene derecho a lanzar la primera piedra. ¿Hay alguien? Nadie está libre de recibir un insulto y todos somos libres de insultar, pero acaso nos hemos tomado la molestia de pensar y preguntarnos por qué hablamos malas palabras? o ¿de dónde provienen y cuál es su significado?, La respuesta es nunca, nunca nos hemos puesto a analizar el porqué, pero siempre alguien tiene que hacer el trabajo sucio y responder, por otros, todas esas preguntas.

No se tiene documentada la fecha en que los seres humanos comenzaron a usar las malas palabras en su vida, pero la historia nos cuenta que las groserías provienen desde la cultura griega, usando a los animales como fuente de inspiración. Y resulta un proceso muy común, hasta la actualidad, comparar a los animales con los seres humanos y son sin duda alguna los términos más antiguos que han sido utilizados para ofender al hombre cuando nos referimos a su escasa inteligencia. Una de las primeras groserías documentadas es la palabra “bestia”, cuyo significado es animal silvestre. Esta palabra se registra por primera vez en la segunda mitad del siglo X, y resulta fácil el símil entre el significado de esa palabra y el hombre que no posee educación.

Otra grosería que proveniente de un animal es la palabra “asno”, cuya primera documentación data del año 1076; este animal ha servido como punto de comparación para el hombre de escasa inteligencia. En el Perú las palabras asno y burro son sinónimos, pero en el terreno de los insultos la palabra asno posee una mayor carga despectiva; contrástense las siguientes expresiones: ¡Patricio que asno eres!, ¡Carlos eres un burro!

Las primeras malas palabras que nacieron de un proceso expresivo son: tonto, zonzo, bobo y baboso. ¿Alguna vez alguien se preguntó que significan esas palabras?, pues simplemente consiste en la repetición de una misma sílaba: to – to, zo –zo (más tarde agregarían /n/ como apoyo en la pronunciación), bo – bo, ba – ba (palabra de la cual se derivaría baboso).

Los términos torpe, idiota, imbécil, estúpido, mentecato y papanatas son términos que provienen del latín, pues en el latín denotaban -sobre todo- alguna deficiencia física. La palabra torpe, del latín turpis, viene a significar feo, deforme, infame y ruin, atacando más que todo al físico de la persona. Las palabras idiota e imbécil son palabras tomadas del latín idiota e imbecillis, que hacen referencia a la falta de inteligencia y debilidad mental, estas dos palabras están cargadas en demasía con mucho desprecio y maldad. La palabra estúpido proviene del latín stupidus, que viene a significar aturdido o estupefacto. 

Las malas palabras, al igual que muchas de las palabras del español, han sufrido diferentes transformaciones, ya sea en su morfología, en su fonética o en su significado. Según Emilio Lovera, un defensor del hablar con corrección, las malas palabras evolucionan y se transforman. En 1940 “fascista” no era un insulto, en 1992 “golpista” tampoco pertenecía al universo de las malas palabras, sin embargo ahora lo es.

Ya sabiendo un poquito de historia de todas las lisuras que decimos todos los días, ahora nos tendríamos que hacer la siguiente pregunta ¿cuándo usamos las malas palabras?, estoy seguro que nadie se ha hecho la pregunta.

Los seres humanos usamos las malas palabras en dos oportunidades, la primera cuando no podemos hablar, es decir cuando no podemos expresar correctamente nuestras ideas, pensamientos, o diferentes puntos de vista; la segunda cuando no queremos hablar y preferimos expresarnos emocionalmente utilizando las lisuras.

Y es que el ser humano prefiere expresarse emocionalmente utilizando groserías, y se preguntan ¿por qué?, pues porque las lisuras vienen a ser la expresión de la emoción y sin querer manifiestan un estado de ánimo, es por eso que un carajo bien puesto es equivalente a muchas palabras y una exposición de ideas, teniendo así una fuerza que la expresión racional no posee. Es que las malas palabras están para eso, para desfogar emociones encontradas, las cuales vienen a ser un gran alivio para el alma.

Que cosa tan espectacular son las malas palabras, sin ellas la vida perdería sentido pues no tendríamos como expresar todo lo malo que tenemos en el alma, pues el ser humano es el único animal que piensa y también el único animal que insulta.
En nuestro criollo país, las malas palabras han evolucionado impresionantemente, todo eso se debe a que el que no insulta en el Perú es un webón.
¿Pero es malo decir malas palabras?, para el filólogo y etimólogo Joan Corominas es todo lo contrario, “las groserías si no son usadas para dañar, son la expulsión de todo lo malo. Y en sí la palabra “grosería” no es grosería, lo cual no deja de ser contradictorio”. Las groserías vienen a cumplir una función catártica y según Emilio Lovera: “Hablar bien no cuesta ni mierda”, ya que es el insulto el que cumple una parte importante dentro de la comunicación.

En nuestra tierra, nuestro criollo país, las malas palabras han evolucionado impresionantemente, todo eso se debe a que el que no insulta en el Perú es un webón. La mayoría de peruanos mantienen un lenguaje en desuso y algunas palabras entran en un clarísimo estado de obsolencia y al cabo de un pequeño lapso de tiempo desaparecen. Las malas palabras, por lo contrario, en vez de desaparecer aumentan y se usan más día a día. Algunas de las malas palabras usadas por nosotros tienen más de 1000 años de antigüedad, es el caso de la palabra carajo, que dicho sea de paso es la lisura más famosa en el hablar cotidiano de los peruanos, la cual hace referencia al miembro sexual de un burro.

Otra palabra que la gente desconoce su significado pero se usa constantemente es la palabra “cojudo”, la cual tiene más de 1500 años de antigüedad, y cuyo significado proviene de la palabra carnero, ya que hace muchos años atrás se usaba la palabra “coyudo” para referirse a un carnero sin castrar.

Las lisuras también vienen a ser el reflejo de nosotros mismos, y cada persona se caracteriza, aunque no lo crean, por una grosería.

Este servidor se tomó la molestia de salir a la calle y preguntarle a la gente cual es su lisura favorita y lo que obtuve fue un cerro de malas palabras que nunca en mi vida pensé escuchar, la mayoría de personas utilizaron la frase: “Ándate a la mierda” en varias oportunidades, y por ahí alguien me dijo que una lisura bien dicha condimenta el alma de la gente. “Cuando estás contra la hora y te pones a esperar tu combi, estás apurado, se te hace tarde pa’ irte a la chamba, ves a lo lejos que por fin llega tu combi, estiras la mano para pararla y el chofer mirándote no te hace caso y se pasa, tu en la vida vas a decir, oh Dios que mala suerte que tengo, esperaré otra combi; no hermano lo que tu le vas a decir al chofer es un buen “ándate a la mierda”. Los peruanos recurrimos a las malas palabras siempre que una cosa nos sale mal, se nos pasa la combi, se falla un gol Claudio Pizarro, te deja la enamorada, te roban, etc., siempre vamos a tener una grosería bajo la manga para cada momento.

Hasta la persona más culta te va a mandar a la mierda, o te hará recordar a tu madre, ¿pero porqué a nuestra mamá?, por que las malas palabras estás para eso, para hacerte daño. “¿Tú sabes cuantas sacadas de madre escuchaba Andrés Mendoza cuando se falló ese gol ante Ecuador?, ¿tú te sentirías bien si más de 26 millones de peruanos te dicen “conchatumadre”?, ese momento ese negrito habrá querido hacer un hueco en el piso y esconderse para toda su vida”. Y en efecto las malas palabras cumplen ese rol, el rol de hacerte menos que los demás.

En el Perú las mujeres son más groseras que los hombres, parecería lo contrario, pero nuestras chicas nos ganan hasta en hablar mal.

En el Perú las mujeres son más groseras que los hombres, parecería lo contrario, pero nuestras chicas nos ganan hasta en hablar mal. Los padres de la patria no se salvan y nos enseñan su rico vocabulario; ya sea Hernando de Soto afirmando que el Nobel Mario Vargas Llosa sea un “Hijo de Puta”, Fernando Olivera haciéndonos gestos con su manos, o Martha Hildebrandt mandándonos al carajo, nadie está excepto de caer ante la tentación de hablar webadas, como diría Marco Aurelio.

¿Pero por qué decimos tantas groserías?, pues simplemente por que el ser humano tiene la necesidad de insultar, y lo podemos hacer de muy diversas maneras, utilizando formas sutiles, apoyándonos exclusivamente en el tono de nuestra voz o usando palabras especializadas en herir y/o lastimar a las personas, es decir, haciendo uso de las “malas palabras”. En nuestra lengua, las groserías poseen una carga semántica única, la cual no lograríamos expresar si las reemplazáramos con alguna otra expresión. Por ejemplo, si estás sentado en una combi y te molesta el comportamiento inoportuno o algo dicho por la persona que está sentada al lado tuyo, tienes toda la libertad del mundo para ofenderla, recurriendo a dos opciones, o bien le dices: “Eres una persona que posee poca inteligencia” o bien recurrimos a una grosería: “Eres un hijo de puta”. Aunque en ambas formas lo que está señalando es la poca capacidad intelectual del individuo, la segunda expresión refleja mayor énfasis en ese defecto. Así mismo las groserías representan una válvula de escape para la tensión por la que generalmente atravesamos, al decir una mala palabra descargamos a tal grado nuestro enojo, nuestra impotencia, nuestro dolor, tanto así que se podría decir que el decir una grosería puede cumplir también una función esencial de liberación para el ser humano.

Hablar correctamente no cuesta nada, pero una mentada de madre no empobrece ni enriquece a nadie. Decir lisuras o malas palabras expresa nuestras emociones y es una muestra auténtica de nosotros, pero que eso no sea una excusa para no hablar con propiedad. Las malas palabras son parte de nuestro lenguaje y nuestra vida cotidiana, dejar de hablar groserías es casi imposible, nadie podría vivir así, pero ahí que intentarlo, en caso contrario te puedes ir a la mierda.

3 comentarios:

  1. jajajjaaaa esta pagina es muy buena....
    aparte que me ayudo para mi debate acerca delm lenguje vulgar de natali malaga... y me toco a favor ... realmente sta página me ayudo bastante...

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  2. Bueno,explicar lo cuan poco prudentes y "educados somos" esta no seria el lugar para argumentar nuestra ignorancia y limitacion....sin embargo ¿cual es lo verdaderamente mas importante para cada uno y para el ser humano de lo que debe creer y comportarse en forma general?¿ en donde podemos recurrir para saber cual es lo correcto o no? creo que son preguntas basicas esenciales para descubrirnos de que manera estamos creados o como "somos" o estamos" son nuestras creencias costumbres y forma de crianzas de nuestros padres la que dependeran que tan acertados estamos o no?en nuestra opinion critica o forma de ver el mundo sobre las cosas complejas como x ejm del tema de lenguaje bueno correcto psotivo y constructivo ...sera que porque una accion me de mucha colera tenga que reaccionar de forma negativa haciendo caso a mis emociones que muchas VECES SON NEGATIVAS Y PERJUDICATORIAS A LOS DEMAS Y A MI MISMO?....creo que esas preguntas no sulene preguntar x ahi ni tampoco hacernos nosostros mismos....
    Cima7Network Altruist...

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  3. angelarielrios@hotmail-com30/6/13 9:01

    soy arbitro los insultos es un lemguaje corriente en el futbol.imposible de irradicar.

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